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El primer
viaje hacia el Norte, a principios de 2005, no era sólo
la búsqueda de un nuevo espacio donde vivir y trabajar, sino
también el intento de aclarar para mi, si en este cansancio
que
me producía la vida en la gran urbe desde hacía tiempo, no
se
entremezclaba cierta nostálgia, un vago deseo de volver a
mis
raíces después de tantos años en
el
extranjero. Mientras el tren traqueteaba sobre las vías y me
lllevaba cada vez más lejos de Madrid, crecía la
inquietud dentro de mí......
Ahora ha desaparecido. No era el paisaje de mi infancia el que anhelaba
reencontrar, era y es simplemente la necesidad de volver a recorrer con
el ojo un horizonte más amplio que el que cabe entre dos
aceras
de una calle madrileña.
Muchos viajes han seguido; en soliratio, en autocar con parada en
Lerma, donde he probado mi primera torta de aceite, cuando
había que reunirse, hablar, decidir; los trés,
los
cuatro, según tocaba, en la Stela
Plateada de
Isa o en el Corsario Azul de Salvador y, finalmente, en el veterano
"Isidro", nuestro primer coche propio,
-gracias a Carmina.
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