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Nos
lo pasamos bien aquel día en el Retiro. Juanjo
escapándose del trabajo a la hora del desayuno -ahora ya se
puede decir, qué más da; yo llevando los rollos a
la
estación de metro -aunque más parecía
que
ellos me
llevaban a mí;
Inés, que estaba cerca del Retiro, esperando mi llamada -por
aquel entonces ya tenía el móvil que Carlos y
Jesús me habían regalado; y mi amiga
María, la de carne y hueso y no de tramas y urdimbres, que se
quedó en casa cuidando a Ulises, creo que también.
A los dos les dedico esta página: a ella, pues sin su
disposición difícilmente hubieramos tenido la
tranquilidad de realizar este montaje y la entrevista; a él,
porque me ha hecho pasar muchas horas agradables en este parque
infantil, contemplando como crecen y caen las hojas de los
castaños.
Puede que hacer tapices no sea un juego de niños, pero nos
da la oportunidad de escaparnos del tiempo que de
mayores nos
parece pillar
constantemente atrapándolo entre los hilos de la urdimbre. |
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